¿Te parecen familiares este tipo de frases?: “Si realmente me quisieras, dejarías todo por mí. Yo lo haría todo para hacerte feliz.” “Nadie te quiere y te comprende más que yo. Siempre sacas lo peor de mí. Tú haces las cosas mal.” “Sin mí no vas a poder vivir. O el caso contrario, no puedo vivir sin ti. Si te vas, me mato.” “¿Cómo me haces esto después de todo lo que he hecho por ti? “
Todas estas frases tienen una connotación de manipulación. La manipulación emocional se da en las relaciones afectivas, ya sea de pareja, entre padres e hijos, en el entorno laboral e incluso entre amistades. La característica de estas relaciones es que no son libres.
El manipulador ejerce cierto control o, en el peor de los casos, control total sobre el manipulado. Tanto el manipulador como el manipulado tienen un vacío primario de afecto, de reconocimiento, de autovaloración y de plenitud. La manipulación emocional es el intento de llenar los vacíos internos que dejan las heridas profundas del alma.
El abandono, el rechazo, la traición, la humillación o la injusticia, que generalmente se viven en la niñez. Tanto el manipulador como el manipulado comparten las mismas carencias expresadas en una polaridad opuesta. De ahí que el manipulador necesita sentir que tiene control sobre el otro y el manipulado necesita al manipulador en su creencia tóxica de ser necesario e importante para alguien.
Ejemplos de manipulación
Hoy te voy a compartir dos casos para ejemplificar la manipulación. El caso del señor grillete. Es un señor que siente que no puede dejar la casa de sus padres como si tuviera un grillete que lo obliga a permanecer ahí.
Tiene casi 40 años y siente mucha culpa de dejar a su madre sola en casa con su padre. A su vez, el padre le dice que debe encargarse de la empresa familiar, cosa que al señor grillete no le gusta hacer. En este caso, como en la gran mayoría, la gran protagonista de la manipulación es la culpa.
Por un lado, su padre le dice que todo lo que ha tenido en la vida es gracias a la empresa familiar, que debería ser agradecido porque ellos se han matado trabajando por él para darle todos los gustos y que ahora le toca a él devolvérselos. Por otro lado, la madre le dice que desde que nació ella estaba sola, pues su esposo, el padre del señor grillete, trabajaba lejos y por eso se volcó totalmente en él. Fue el hijo que vino a llenarle su vida.
Ya te podrás imaginar la carga de culpa disfrazada de amor que usan los padres para manejar la vida del hijo como si fuera su marioneta. Hay una creencia tóxica que se mantiene en muchos sistemas familiares y es que los hijos deben devolver a los padres la vida que les han dado y esto es imposible. ¿Cómo se devuelve la vida?
El segundo caso es la señora ambigua.
Es una mujer que constantemente somatiza vaginitis, está casada desde hace 10 años con su pareja y siente que ya no hay esa compenetración entre los dos. Parecen dos personas compartiendo casa más que pareja. Se llevan bien, pero no siente la química del deseo en ella.
Cuando ha hablado de esto con su marido, él le dice que sin ella no puede vivir y le suplica que no lo deje. Días después de tener estas pláticas con él, empieza con los síntomas. En el fondo, ella quisiera separarse, pero cede ante las súplicas del marido y no quiere tener intimidad con él.
De allí que constantemente esté somatizando con infecciones vaginales. De esta manera, tiene la excusa perfecta para no tener sexo. Para su psique, es más aceptable tener un síntoma que le impida la intimidad, a tener que afrontar la culpa que siente y el rechazo hacia su esposo.
Con estos casos, he querido ejemplificar cómo usamos palabras aparentemente afectuosas que esconden necesidades no satisfechas y la manipulación es una estrategia aprendida en un intento desesperado por obtener eso que queremos a nivel afectivo y psicológico. Desde que somos pequeños, tenemos sed de cuidados. Nacemos inmaduros a diferencia de otras especies de mamíferos y dependemos totalmente de nuestros cuidadores y del ambiente para sobrevivir.
Necesitamos que nos den de comer, que nos limpien, que nos cuiden. Al sentirnos cuidados, nos sentimos amados. El problema se da cuando no maduramos emocionalmente y siendo adultos con vacíos no resueltos en nuestra experiencia de vida en la infancia y adolescencia, seguimos esperando que sea otro el que nos dé el alimento afectivo, quien nos cuide y quien nos dé todo eso que creemos que no podemos obtener por nosotros mismos y darnos a nosotros mismos, así como cuando éramos bebés.
Sed de amor
Convertimos la sed de cuidados en sed de amor, un falso amor, pues no es incondicional. Y así vivimos una vida sedientos de llenar esos vacíos disfrazando las estrategias manipuladoras con palabras afectuosas. ¿Cómo se da esto en la relación de pareja? Con la pareja hay un deseo de trascender el yo individual por un nosotros.
En un inicio vemos en el otro eso que nos falta o complementa y sentimos ese vínculo con el otro, sentimos esa conexión con la intimidad, el gozo, con la sexualidad. En el inicio de la relación de pareja estamos en la etapa del enamoramiento, nos encontramos en un amor infantil, es un amor ciego. Cuando cae ese velo de enamoramiento empezamos a ver al otro de una forma más humana y real.
En el mejor de los casos se da un tránsito de un amor infantil a un amor maduro, donde estamos buscando un destino y un propósito en común. La pareja es un espacio que nos ayuda a crecer, a aprender muchas veces mirándonos en el otro. La pareja es el espejo ideal de tus sombras.
Poner tu felicidad y tu plenitud en manos de otra persona puede ser peligroso para tu integridad emocional, pues te vuelves dependiente de otro para estar aparentemente bien y además estás cargando al otro con una responsabilidad que no le corresponde. Lo mismo sucede a la inversa, no puedes llevar los vacíos emocionales de otras personas a cuestas, esto tarde o temprano lastima y mata la relación. Recuerda que la manipulación emocional implica influir en las emociones y comportamientos de otros, implica un desequilibrio y una lucha de poder en la relación.
El aislamiento social como técnica de manipulación.
El manipulador intenta alejar a la víctima de sus seres queridos, de sus amistades o de sus círculos de apoyo, aumentando así su control. Es una técnica que implica negar la realidad o hacer que la víctima cuestione su juicio y su percepción de la realidad.
Busca siempre darle la vuelta a la historia para su propia conveniencia, como decimos coloquialmente el manipulador busca siempre darle la vuelta a la tortilla. Culpabilidad emocional, consiste en usar las emociones de la víctima para controlar sus acciones o sus decisiones y qué consecuencias tiene esta manipulación emocional. A nivel psicológico, contribuye al desarrollo de ansiedad, depresión o incluso trastornos de estrés postraumático en las víctimas.
A nivel de autoestima, las víctimas y el victimario experimentan seguramente una disminución significativa de su autoestima y de la confianza en sí mismos. Y, por último, crea relaciones tóxicas, relaciones violentas, esclavizantes, irrespetuosas, relaciones agresivas pasivas, relaciones basadas en los caprichos y demandas a cumplir del otro, esto sólo por mencionar algunas consecuencias. Para tener relaciones sanas, hay que restablecer el equilibrio entre el dar y el recibir.
Dar y recibir:
Todas las relaciones forman sistemas que necesitan un constante dar y recibir. Este dar y este recibir debe estar en su justo equilibrio según las necesidades reales de cada uno. Todo el sistema está en busca de retroalimentación y de un equilibrio que lo sostenga y cada miembro del mismo debe trabajar en su interior para mantener este fluir en el dar y el recibir.
Cuando recibimos algo, generalmente sentimos el impulso de devolverlo para compensar de alguna manera a la persona que nos lo ha dado. Este movimiento de dar y recibir juega un papel central muy importante en la vitalidad de nuestras relaciones. Cuando este intercambio se produce de manera amplia, positiva y equilibrada, nos sentimos cómodos, ligeros, alegres y tranquilos.
Dar nos deja una sensación de plenitud. Cuanto mayor sea el intercambio, la relación será más profunda y con un mayor vínculo. Ahora, tanto si damos en exceso como cuando recibimos en exceso, generamos un desequilibrio que pone en peligro las relaciones y nos ponemos en peligro a nosotros mismos.
El acto de dar y recibir también tiene sus límites. No debemos dar más de lo que el otro pueda y esté preparado para recibir. Y tampoco debemos dar más de lo que tenemos para dar, pues nos quedaríamos sin nada que ofrecer.
Cuando uno de los miembros que forma la pareja siente que recibe más de lo que da, se siente en deuda con la otra persona. A veces se siente tan en deuda que se convierte en una carga, ya que siente que no puede compensar. Por otro lado, dar más de lo que recibimos supone que mientras más damos, más empequeñecemos a nuestra pareja, ya que está recibiendo más de lo que puede sostener.
Ese desequilibrio, esa deuda se acaba volviendo en una carga imposible de sostener. En otras ocasiones es tanto lo que damos que acabamos exigiendo recibir lo mismo que damos, colocándonos así en una posición de superioridad con respecto a nuestra pareja y generando una sensación de descontento y vacío. Cuando no existe un equilibrio entre dar y recibir en una pareja, se produce tal desarmonía que se convierte en una relación tóxica.
Así que reflexiona. ¿Cómo está la balanza con tu pareja? ¿Cómo se manifiesta en ti y en tu pareja ese dar y recibir? ¿Quién da más? ¿Quién recibe más? ¿Qué necesitas tú? ¿Qué necesita tu pareja? ¿Escuchas realmente tus necesidades más profundas? Necesitamos conocernos a nosotros mismos y conocer a nuestra pareja para saber dónde están los límites de cada uno en cada momento. No siempre podemos dar lo mismo ni en la misma medida, del mismo modo que no siempre recibimos lo mismo ni de la misma medida.
Si nos fijamos en la relación ahora de los padres con sus hijos o miramos nuestro sistema familiar, veremos que por naturaleza los padres nos dan más de lo que nosotros podemos darles. Nos han dado lo más grande que podrían darnos y lo más grande que podríamos recibir. Nos dan la vida y eso no se puede devolver.
Lo único que podemos hacer es aprovecharla, aprovechar la vida y agradecérselos siendo felices y honrándolos, reconociendo que han hecho lo mejor que han podido dentro de sus posibilidades. Después cuando nosotros somos padres devolvemos eso que nos fue dado con nuestros hijos y así se compensa el sistema.
Claves para evitar la manipulación:
La primera clave es el autoconocimiento. Desarrollar una comprensión sólida de tus propias emociones y tus límites personales es esencial para protegerte de la manipulación emocional.
La segunda clave es la inteligencia emocional. Fortalecer tu inteligencia emocional trabajando en la sanación de tus heridas te ayudan a identificar y manejar efectivamente las manipulaciones emocionales de otros.
Tercera clave la comunicación asertiva. Aprender a conocerte y trabajar tus necesidades interiores es clave para poder comunicar tus deseos, tus propósitos sanos y establecer límites claros, así como proponer caminos de encuentro común en las relaciones.
Y la cuarta clave es el auto empoderamiento. Reconocer tu poder personal y los recursos que tienes desde el adulto que eres hoy para poner límites, para elegir y tomar las decisiones que te acerquen al tipo de persona que aspiras ser desde tus valores personales más profundos y según la huella o el legado que quieres dejar en el mundo.
Así que sal de las relaciones manipuladoras y pasa a las relaciones verdaderas y auténticas en libertad cuya base es la confianza, el compromiso y el verdadero amor incondicional.