Cuántas veces he escuchado esta frase: “no logro tener el éxito que quiero” y también: ”no sé qué pasa, que no puedo empezar mis proyectos. Creo que le tengo miedo al éxito, tengo miedo a ser mal vista y juzgada”.
La mujer saboteadora
Te contaré el caso de la señora Saboteadora. Es una mujer que es la tercera hija después de dos hombres. Es una persona sumamente creativa y emprendedora.
Tiene muchas ideas de proyectos que quiere echar a andar, pero o no los empieza, o los empieza y luego los deja, o siente que no arranca como ella quiere y se frena. Sus hermanos mayores no han tenido éxito económico. Ella siente que no puede ser mejor que sus hermanos hombres.
Tiene miedo al éxito pues siente que, si sus proyectos van bien y prosperan, será mejor vista por sus padres que sus hermanos y esto le genera culpa. En el fondo, tiene una creencia tóxica oculta del tipo, no merezco tener éxito económico para no superar a mis hermanos. Así que, sin darse cuenta, ella se sabotea.
Trata de hacer cambios en la forma de plantear sus proyectos y de desarrollarlos, pero el verdadero problema no está en el exterior, el verdadero problema está en su interior. Ella quiere sentir que pertenece a su sistema familiar, replicando inconscientemente el patrón de fracasos, por llamarlo de alguna manera, de sus hermanos mayores. Se ha descubierto diciéndose a sí misma, si ellos que son los hombres y los mayores no han podido lograr sus metas y aún reciben ayuda de nuestros padres, como yo que soy la mujer y la menor, voy a ser mejor que ellos.
Por otro lado, si yo tengo éxito y empiezo a generar ingresos económicos, me va a tocar a mí ayudarlos. Si la señora saboteadora no cambia sus creencias tóxicas sobre el merecimiento, el éxito personal, el temor a ser juzgada y mal vista por sus hermanos, o sobre el hecho de ser la hermana mujer y la menor, por más que ponga todos sus esfuerzos y creatividad, que la tiene por montones, en sus emprendimientos, éstos no prosperarán y ella terminará por dejarlos abandonados. Y es que hemos perdido de vista que el éxito, el dinero, las relaciones interpersonales son una energía que refleja tu estado interior.
Si tu estado interior está saboteado por creencias y patrones tóxicos, en el exterior, en lo que llamas tu realidad, este saboteo se podrá manifestar de muchas maneras en los resultados que obtienes. Te propongo algunos ejemplos. Dejas de lado ese estilo de vida sano que te habías propuesto.
Tu organismo, tu cuerpo y hasta las enfermedades que padeces son consecuencia de tus pensamientos y de tu estado de estrés interno, como veremos más adelante. Fracasas en obtener ese trabajo que te apasiona. Dejas a medias el ejercicio físico.
La tentación de ser infiel
Este fue el caso de una mujer que pensaba, si adelgazo seré vista por otros hombres y tengo miedo de sentirme atraída hacia ellos. Ella era casada o es casada y viene de un patrón de infidelidades en su familia. Sin darse cuenta, ella misma saboteaba el ejercicio físico por esa creencia tóxica que le decía, si adelgazas, corres riesgo de ser infiel.
Pospones viajes que has estado deseando hacer. Quizás la creencia tóxica puede ser, si hago ese viaje, pensarán que me está yendo muy bien y me pedirán dinero. Otras creencias tóxicas sobre la abundancia económica pueden ser, el dinero es peligroso, o si tienes dinero te lo roban o te lo quitan, o tienes que prestar y ayudar sin límites a los demás.
Quizás has saboteado tus relaciones amorosas o afectivas. Hay que ver si no hay una creencia tóxica detrás que te dice, no se puede confiar en las parejas. La ley universal de correspondencia nos dice, como es adentro, es afuera.
La ley del espejo
Esta ley es también conocida como la ley del espejo. Nos dice que lo que observas como realidad en el exterior es solo lo que tú crees que la realidad es. Por ejemplo, lo que tú opines de tu vecino, de tu pareja o de tu economía, es en realidad lo que tú percibes de ello y esa percepción condiciona tu vida, condiciona tu manera de sentir, de reaccionar, de actuar y las decisiones que tomes.
Solo podemos percibir las cosas a través de nuestra propia mirada, en la que inevitablemente influyen los filtros que tenemos gracias a nuestras vivencias, expectativas, creencias, miedos, heridas, valores personales, emociones, etcétera. Por lo que si quieres que tu vecino o tu pareja o tu economía cambie, deberás primero cambiar tu mirada y tu percepción de ello. Notarás como después de cambiar esta percepción, el exterior se te muestra totalmente diferente y lo que en tu opinión era malo ya no es tan malo.
Cómo se genera la enfermedad
¿Cómo se manifiesta esta ley universal como esa adentro, esa afuera en el cuerpo? Tu cuerpo manifiesta o somatiza el nivel de tu estrés interno según tu simbología interna personal. Lo que llamamos estrés no es más que la respuesta fisiológica de nuestro sistema nervioso involuntario causado por nuestro estado emocional mental, es decir, nuestros pensamientos, nuestra psique, nuestras creencias y lo que percibimos como bueno o malo para nosotros. Cuando lo que percibimos en la realidad externa no se ajusta a nuestras expectativas, a nuestras necesidades biológicas, emocionales y espirituales, así como a nuestros deseos más profundos, entramos en estados de estrés y las hormonas relacionadas al mismo empiezan a circular por nuestro torrente sanguíneo.
Estas hormonas son la adrenalina, noradrenalina y cortisol. Ellas cambian y alteran el funcionamiento celular en nuestros tejidos y sistemas impactando así dramáticamente en el sistema inmunológico. Jung decía, la enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre.
Esto quiere decir que la enfermedad es una manifestación externa de un estado interior alterado, preocupado, angustiado, cansado, temeroso, contraído y en definitiva estresado. ¿Y qué es la simbología interna? Ya hemos dicho que percibimos el mundo exterior según nuestros filtros y lo percibimos a través de nuestros sentidos. Si cinco personas se van juntas de viaje, las cinco contarán su experiencia desde lugares diferentes.
Quizás una hará énfasis en lo que vio, otra hará más referencia a los sonidos del lugar, otra contará entusiasmada lo que probó y degustó, cada una haciendo referencia a un sentido específico, la vista, el oído, el gusto. Cada uno tiene un lenguaje propio que es un reflejo de su estructura interna, de su personalidad, de sus interpretaciones, de cómo vive y gestiona las experiencias de su vida. Las palabras que usamos y los verbos que decimos hablan mucho de tu simbología interna.
Quizás has escuchado expresiones como me siento ahogado en las deudas. Fíjate que esto hace referencia al sistema respiratorio, ahogamientos. Otra frase pudiera ser la pena me hace llorar a mares.
Esto hace referencia a la gestión de los líquidos, es decir, a los riñones. Siento que ese problema me come vivo. Esto hace referencia al sistema digestivo.
Otra frase muy común que usamos es siento que estoy comiendo y una palabra que hace referencia al excremento. También hace referencia al sistema digestivo. O me quedo tiesa del susto.
Aquí estamos hablando del sistema locomotor. Así que un mismo conflicto psicoemocional interno puede manifestarse en el exterior de diferente manera según tu simbología interna y tu personalidad, además de la predisposición genética y sobre todo epigenética que puedas tener. En todo caso, hoy por hoy la medicina sabe que la mayoría de las enfermedades tienen un origen psicosomático y también tienen un origen por el estilo de vida estresante que llevamos los seres humanos.
Y es que vivimos una vida inflamada, así como lo oyes. Consumimos alimentos inflamatorios y oxidativos. Vemos programas y noticias inflamatorias que elevan nuestros niveles de estrés.
Tenemos relaciones inflamatorias al no ser respetuosas, coherentes, equilibradas y equitativas en el dar y el recibir. En fin, tenemos todo a nuestro alcance para vivir en estados de estrés crónico y tú ni siquiera te das cuenta de ello. Por una parte hemos normalizado el estrés y por otra parte no nos conocemos a nosotros mismos y no sabemos cómo gestionar nuestras emociones.
Es más, en algunas familias y sociedades el estrés es bien visto, pues pareciera que significa que te estás esforzando, que estás siendo productivo. Claro, la factura te la pasará tu cuerpo tarde o temprano. Vivimos en una sociedad que nos hace mirar constantemente hacia afuera en lugar de mirar en nuestro interior.
Buscamos en el exterior la felicidad y las respuestas a nuestras preguntas. Un claro ejemplo de ello es cuando enfermas. Cuando tu cuerpo enferma probablemente buscas afuera la respuesta.
Vas al médico y esperas que sea él quien te cure. Como mínimo te debe dar una receta con medicinas que te quiten los síntomas. Así pierdes todo tu poder personal y te vuelves dependiente de un exterior cambiante.
Un exterior que en realidad no existe, pues es una proyección de lo que estás experimentando en tu interior. Olvidas o ignoras la responsabilidad y la autoridad que tienes sobre tu propia vida. Y lo que marca la diferencia es si te conoces o no.
Si conoces las causas psicoemocionales que te están generando estrés consciente y sobre todo inconscientemente. No sabes cómo escucharte. Desconoces los códigos que usa tu cuerpo para comunicarse contigo.
Observar nuestros patrones tóxicos
Y así caemos en este ciclo sin fin de intoxicación de adrenalina y cortisol. Entonces ¿qué puedes hacer? Empezar a observar tu universo interior. Es el primer gran paso.
Esto quiere decir empezar a prestar atención en lo que te dices a ti mismo. Observar tus pensamientos sobre la realidad y las emociones que te generan e indagar qué creencias tóxicas se esconden detrás de ellos. Dimensionar esa riqueza interior que tienes.
Tú eres riqueza como espíritu, energía, mente, emociones e inteligencia biológica. Todo está puesto a tu disposición para co-crear y manifestar lo que necesitas en tu vida. Es importante que empieces a detectar patrones tóxicos de no merecimiento, de sentir que no puedes o no eres capaz, de no tener derecho a lo que quieres lograr y manifestar.
Estos patrones no sólo obsérvalos en ti, sino en tu historia familiar. Será muy revelador descubrir cómo a veces estas creencias tóxicas y los patrones saboteadores los replicas sin darte cuenta. Suelta las expectativas que tienes sobre cómo deberían ser los demás o cómo tendría que ser la vida.
La brecha entre tus expectativas y lo que percibes en el día a día es lo que te hace sufrir y te genera estrés. Empieza entonces a generar creencias más empoderadoras. En el caso de la señora saboteadora que te conté, quizás en lugar de creer no puedo superar a mis hermanos, cambiarlo por puedo empezar a generar mi propio éxito o tengo derecho a ser exitosa en mis proyectos.
Y observa cómo reacciona tu cuerpo cuando te planteas este tipo de frases. ¿Realmente te las crees o te hacen ruido? ¿Te genera algún tipo de rechazo? Si es así, hay que seguir limpiando y depurando esas creencias tóxicas ocultas. El pensamiento positivo solo por sí mismo no sirve, si no descubrimos cuáles son esas creencias saboteadoras que se esconden detrás.
Limpia y ordena primero tu interior y verás cómo el exterior se limpia y ordena solo, como resultado de tu cambio de conciencia. Por último, dedica cinco minutos al día para dar las gracias. La gratitud es un valor, una energía que nos conecta con todo lo que nos rodea y nos permite abrir nuestras corazas protectoras para recibir lo que la vida está lista para entregarnos ahora.
Quien mira hacia afuera, duerme, y quien mira hacia adentro, despierta. Otra frase sabia de Carl Gustav Jung. ¿Qué tan despierto estás viviendo tu vida? ¿Qué tanto te conoces a ti mismo, a ti misma y a tus sistemas internos? Te dejo con esta reflexión, pero te aseguro que lo que crees conocer de ti es apenas un poquito de toda la inmensidad que eres.